Durante los días de contingencia un innumerable conjunto de disposiciones anímicas, creativas, profesionales y hasta comerciales nos han invadido para hacer frente a un escenario que apareció de imprevisto y que no deja de provocar preguntas. No deseo añadir más a lo que todos hemos experimentado y más o menos expresado mientras transcurre la cuarentena. Estas líneas no desean simplemente transitar por esos pasajes comunes que a estas alturas todos identificamos y, quizá, estemos un poco cansados de leer o escuchar. Mi intención es más bien reunir las inquietudes compartidas por dos voces de una misma casa editorial, pero con posiciones bien diferenciadas, que igual se muestran conscientes del enorme compromiso que supone ‘regresar’ después del coronavirus.

En principio me gustaría traer a cuenta la columna del Dr. Juan Ramón De la Fuente publicada el pasado 27 de abril en El universal online: “Es natural que la pandemia cause miedo. Miedo a enfermarse o a enfermar a otros. Miedo a morir, a perder el empleo, al quebranto económico o existencial. La cuarentena nos confronta además con cierta soledad que puede ser angustiante. Depende de cómo la vivamos.”  En efecto, parece que durante estos días en mayor o menor grado nos hemos visto conducidos a considerar ciertos aspectos de la vida y de nuestra condición que, frente al despliegue de un virus desconocido, ha dado graves señales de nuestras limitaciones, nuestra fragilidad y de la necesidad de reconfigurar nuestras ideas, comportamientos y anhelos. Es cierto que, con la información con la que contamos hasta el momento, como sociedad eventualmente estaremos superando el estado de contingencia en el que este virus nos mantiene, pero, al mismo tiempo, sabemos que esto ocurrirá a la par de algunos importantes estragos, de toda naturaleza, sanitaria, económica, afectiva y espiritual, que hacen evidente el apremio por renovarnos frente a una realidad que se muestra capaz de ir más lejos que nuestro afán por contenerla y adecuarla a toda serie de exigencias humana. Por ello, en esta misma columna, el Dr. De la Fuente nos recuerda que: “No obstante, la cuarentena es una gran circunstancia para aprender, para reflexionar. Para incursionar en nuestras fantasías con menos ataduras. Para reencontrarnos con nuestro pasado e imaginar nuestro futuro. ¿Cómo será el futuro?”

Sin lugar a dudas, la cuarentena es resultado de acontecimientos que no pueden ser revertidos, al igual que nos orilla a calcular cómo se desplegará nuestro futuro, pero resulta fundamental atender al hecho de que la cuarentena es ahora mismo nuestro presente, es decir, lo que en acto podemos hacer para responder a un escenario no elegido y preparar lo que está por venir, de manera que no tengamos que pagar la enorme factura que supone tomar decisiones nutridas por el miedo. Estas determinaciones que se alimentan del temor pueden traducirse en tremendas equivocaciones, desmesuras, injusticias y abusos que normalmente repercuten en los más débiles. Por ello mismo, justo ahora, en estado de contingencia, nuestra condición humana se pone a prueba y exhibe aquello que se convierte en un gran signo de esperanza o en una terrible vergüenza.

En este sentido, el Dr. Mauricio Merino afirma en su columna del 20 de abril en El universal online que: “podríamos estar –por qué no- en las vísperas de una nueva conciencia colectiva, que podría llevarnos a la construcción de un movimiento capaz de modificar nuestra forma de concebir la vida en común. Uno que comprenda y asuma las lecciones de esta crisis.” De manera que la contingencia por la que atravesamos se convierte en un enorme llamado para tomar conciencia de que, a pesar de nuestras claras diferencias, los individuos humanos nos encontramos tremendamente implicados en un acontecer que ofrece y pide a cada uno un lugar y una contribución para configurar nuestro mundo, de forma que todos y cada uno, juntos, seamos más fuertes ante las realidades que nos sobrepasan y que a todos nos alcanzan.

Por último, resulta evidente que como lo afirma el Dr. Merino: “todos somos vulnerables y, en el camino, todos necesitamos de todos,” por lo que el dialogo, la comprensión y el compromiso que adoptemos frente a esta experiencia de finitud compartida se traducirá en lo mejor que podemos hacer a la vuelta del coronavirus.

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